Entrevista a Xaquín López en OIET Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo

Posted by on Abr 29, 2020 in Reportajes, Reseñas

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Comandante paramilitar con camiseta de amuletos en Maiduguri

«Boko Haram empezó siendo un fenómeno apadrinado por el fanatismo religioso, pero ahora entronca con la esencia de los problemas endémicos de Nigeria»

«La descomposición de Boko Haram, en 2016, ha provocado que el frente se extienda. En vez de un grupo potente ahora hay al menos dos grupos con gran capacidad de actuación, ISWAP y Boko Haram, cada uno especializado en su actividad y un tercero, Ansaru, que ha crecido en la zona de Kaduna. La rivalidad entre ellos se ha resuelto con un reparto de territorio y un acuerdo tácito en la estrategia»

«Los peores augurios indican que a Boko Haram se le puede y se le debe vencer por las armas, no de manera inminente pero sí a medio plazo. Ahora bien, el paisaje después de la batalla es tan arduo que es improbable que el estado federal de Nigeria sea capaz de reconstruirlo y ese nuevo fracaso llevaría irremediablemente a una nueva crisis religiosa, étnica y social en el futuro, la enésima de la reciente historia del estado de Borno»

Xaquín López y Sonsoles Meana son los creadores del documental “A golpe de trinchera”

Un trabajo realizado a principios del año 2020 en Nigeria y que trata de narrar el impacto que ha tenido el grupo yihadista Boko Haram, desde su nacimiento hasta el presente, en la sociedad.

¿Cómo nace la idea de hacer un documental en Nigeria sobre Boko Haram?

Cuando contacto con una fuente de toda solvencia, un español que investiga a Boko Haram, y me comenta extrañado que ningún medio de comunicación español ni por tanto ningún periodista de nuestro país había informado, en los últimos diez años, de ese conflicto sobre el terreno.

Salvando algún caso puntual, como El Mundo informando del trabajo de las ONG’s en el campo de desplazados de Pulka o un monográfico sobre Nigeria de la revista Mundo Negro, la crítica que hacía mi contacto era cierta. Ese dato fue definitivo para poner el foco en Nigeria.

¿Qué motivaciones os llevaron a elegir este país y no otro de África?

La lista es larga: es el país más apasionante del África Negra; el más poblado, rico, complejo y vibrante. Además, tenemos un largo recorrido nigeriano, que empezó en el año 2006 cuando Sonsoles y yo nos casamos en el consulado general español en Lagos.

¿Cuánto tiempo estuvisteis grabando el documental? ¿Qué destacaríais del tiempo que pasasteis allí?

En total hemos estado en Nigeria un mes y medio, desde el 2 de enero al 15 de febrero. La mayor parte del tiempo la hemos pasado en Maiduguri y Abuja, pero nos ha dado tiempo a recorrer parte del norte hausa y las megaciudades de Yorubaland, Lagos e Ibadan.

Hemos experimentado la dualidad que identifica a Nigeria: un país hospitalario y acogedor que vive al borde del abismo. Lo que más nos ha llamado la atención es el deterioro vertiginoso de la seguridad ciudadana en todos los sentidos, hasta el punto que resulta temerario recorrer el más corto tramo de carretera sin riesgo de ser secuestrado, a excepción del ámbito de influencia de las populosas ciudades yorubas.

¿Cómo analizáis la situación actual de Boko Haram en Nigeria?

Las noticias que nos llegan de los últimos días son tranquilizadoras, en el sentido de que ha habido una doble ofensiva del ejército del Chad por su territorio en el lago Chad y al mismo tiempo, está produciéndose otra campaña del ejército nigeriano en su zona del lago. La información que nos llega, a riesgo de caer en la propaganda bélica, es que están consiguiendo resultados importantes. De todas formas, fuentes bien informadas sobre el terreno aseguran que el anuncio de dichas ofensivas (el propio presidente Idriss Deby anticipó la campaña “cólera de Mboma” en su cuenta de Twitter), permitió el repliegue de los insurgentes a territorio de Níger.

¿Cómo consiguen grupos terroristas como Boko Haram el respaldo de una parte de la sociedad?

Está infiltrados en el medio rural. Hablamos de pequeñas comunidades locales diseminadas en el Sahel, abandonadas por el estado nigeriano, donde la presencia de dicho estado es escasa sino nula. Los bokos son kanuris, hablan el dialecto local, conocen a todo el mundo y están fuertemente armados. Cualquier chivatazo o colaboración con los militares se paga con el ajusticiamiento brutal en público. Esta estrategia es contundente.

«Lo que más nos ha llamado la atención es el deterioro vertiginoso de la seguridad ciudadana en todos los sentidos, hasta el punto que resulta temerario recorrer el más corto tramo de carretera sin riesgo de ser secuestrado, a excepción del ámbito de influencia de las populosas ciudades yorubas»

¿Se siente protegida la población por parte de las fuerzas de seguridad y el Ejército ante los ataques terroristas?

Como en todo conflicto bélico, los locales asentados en tierra de nadie son rehenes de ambos bandos. El ejército nigeriano trata como colaboradores de la insurgencia a los que viven en el bosque de Sambisa o en las aldeas de lago y para los bokos estas tribus son su retaguardia, vitales para el abastecimiento diario y para tener información de los movimientos de los miliares.

¿En qué medida el vacío de poder, la corrupción política o los abusos policiales en provincias como Borno pueden favorecer que los grupos yihadistas sean respaldados por la población local?

Es una de las claves del problema. El estado no tiene apenas presencia en Borno. Estamos hablando del esquinado far northeast y una de las regiones más pobres de Nigeria y África del Oeste/Central. Los casos de brutalidad policial y militar son tremendos y se han multiplicado exponencialmente en la década pasada. Evidentemente, eso no contribuye a generar confianza entre la población local y las fuerzas armadas, a las que ven en muchos casos como opresoras y de ocupación. Hay un factor añadido, el ejército nigeriano es uno de los más poderosos de África y eso no quiere decir gran cosa porque a su vez está desmoralizado. De hecho, los relevos de la tropa obligan a Abuja a reemplazar a los soldados locales por otros de la zona del Delta. Son la mayoría cristianos, no conocen la idiosincrasia de la zona y esto se vuelve contra ellos porque no consiguen conectar con las tribus del lago, en su gran mayoría musulmanas y algunas de ellas nómadas.

¿Garantiza el Estado nigeriano que se respeten los derechos humanos en los centros de detención?

El ejército es quien manda en Borno. En ese estado rige la ley marcial, al igual que en los vecinos de Adamawa y Yobe. Esto quiere decir que los militares tienen barra libre para campear a sus anchas en la lucha contra la insurgencia. ONG internacionales, con presencia sobre el terreno, como Amnistía Internacional, llevan años denunciando la existencia de centros de internamiento clandestinos en los cuarteles militares, especialmente en Maiduguri, la capital de Borno. Los detenidos no tienen derecho a abogado, condiciones higiénicas deplorables, interrogatorios brutales y torturas.  La única organización humanitaria que puede entrar en estos internamientos es Cruz Roja y su delegado en Borno, el suizo Markus Dolxer, nos ha confirmado que la situación es preocupante. Cuando un delegado de Cruz Roja, cuya neutralidad es símbolo enseña, utiliza ese término, hay que multiplicarlo por unos cuantos números.

¿Supone una mayor amenaza para la sociedad que el movimiento yihadista en Nigeria esté descompuesto y existan distintos grupos terroristas como Boko Haram, ISWAP o Ansaru?

La descomposición de Boko Haram, en 2016, ha provocado que el frente se extienda. En vez de un grupo potente ahora hay al menos dos grupos con gran capacidad de actuación, ISWAP y Boko Haram, cada uno especializado en su actividad y un tercero, Ansaru, que ha crecido en la zona de Kaduna. La rivalidad entre ellos se ha resuelto con un reparto de territorio y un acuerdo tácito en la estrategia.

ISWAP se ha hecho fuerte en el lago Chad, lo que le permite internacionalizarse a lo largo de los cuatro países ribereños. Su especialidad son los ataques a cuarteles y bases militares.

«Boko Haram empezó siendo un fenómeno apadrinado por el fanatismo religioso de un imán visionario, Mohammned Yusuf, pero ahora es una corriente que entronca con la esencia de los problemas endémicos de esta región africana. Hambre, falta de trabajo, aislamiento del resto del país, miles chicos adolescentes sobreviviendo en la calle, analfabetismo, tejido tribal desconectado del más mínimo engranaje estatal»

Boko Haram está blindado en las entrañas impenetrables del bosque de Sambisa, cruzando a Camerún a demanda y su tarjeta de visita son los secuestros de pasajeros en la carretera de Damaturu y las vías locales del estado.

Ansaru se ha retirado de este escenario, ya demasiado colapsado, y está creciendo en los últimos meses en la zona roja de Kaduna, a pocos kilómetros de la capital, Abuja. Ahí se da una mezcla de bandidaje, ajustes de cuentas, secuestros y ataques a comisarías.

¿Cómo se explica que grupos yihadistas como Boko Haram cometan atentados en mezquitas o ataquen aldeas de trabajadores? ¿Con qué finalidad lo hacen?

Han apostado por la estrategia del terror por el terror. A principios de la década pasada, el ejército instauró la medida de la “tierra quemada” consistente en obligar a los habitantes de las aldeas a abandonar el medio rural y asentarse en los campamentos de desplazados. El ejército quería cortar por la base el apoyo de las tribus a la insurgencia. Movilizados a la fuerza, miles de personas dejaron atrás sus chozas y se desplazaron a los IDP –Internal Displaced Person-.

Esto provocó la reacción contraria de Abubakar Shekau, comandante de Boko Haram. Dictó una condena contra estas personas que se refugiaban en los IDP por herejes y les puso en el punto de mira de su estrategia. A partir de ese momento, los IDP pasaron a ser objetivo de las bombas de los bokos. El siguiente paso fueron los mercados de Maiduguri, las mezquitas del país. Y la consecuencia fue la disidencia de algunos de sus lugartenientes y la creación de Ansaru.

¿Cómo son las condiciones de vida en los campos de desplazados? ¿Reciben algún tipo de apoyo las personas que allí se encuentran por parte de las autoridades?

Hay dos tipos de IDP, los reconocidos por el gobierno y los llamados informales. Sólo en Maiduguri hay un total de 109 IDP, que albergan a más de trescientas mil personas, procedentes de todo el estado. Los IDP gubernamentales reciben alimentos, aunque están masificados y las condiciones de habitabilidad son precarias. 93 de esos emplazamientos no son reconocidos por las autoridades gubernamentales, por lo cual no reciben ningún tipo de ayuda. Sobreviven gracias a las ONG’s y a la ayuda humanitaria. A diferencia de los campos que hay por todo el estado, los desplazados que han llegado a Maiduguri tienen la ventaja de que pueden entrar y salir del camp a diario para buscarse la vida en la ciudad. Esto no ocurre en los abarrotados campos del norte de Borno, donde sus ocupantes se juegan la vida si quieren salir a abastecerse de agua o plantar un huerto. Estos campamentos están cercados y vigilados por los bokos y cualquier movimiento en falso es una condena a muerte.

¿Son seguros los campos de desplazados ante posibles ataques terroristas?

Los que hay en Maiduguri lo son relativamente. El ejército los protege y los propios ocupantes se ocupan de formar turnos de vigilancia, pero el riesgo de que entre diez mil personas hacinadas en tiendas de campaña se infiltren los insurgentes es grande. Por mi experiencia, he visto como en la escuela del campamento Shauwari 5, en el centro Maiduguri, los niños asisten a clase bajo la atenta mirada de un vigilante armados con un machete.

En abril de 2014 se produjo el secuestro de 276 niñas en una escuela de Chibok. ¿Qué se sabe de ellas seis años después?

El pasado día 14 se cumplieron seis años del golpe más atrevido de Abubakar Shekau, el secuestro de 276 chicas en un internado en Chibok, a 125 kilómetros de Maiduguri, 112 de ellas siguen en paradero desconocido. La mayoría de las 174 jóvenes liberadas intentan rehacer su vida en Yola, la capital del estado vecino de Adamawa. Algunas continúan sus estudios, otras se han casado y también hay algún caso de chicas que han vuelto de Sambisa con un hijo de las reiteradas violaciones a las que las sometieron los bokos.

Además de la lucha antiterrorista, ¿qué otras medidas deben llevarse a cabo para derrotar al terrorismo yihadista en Nigeria?

Boko Haram empezó siendo un fenómeno apadrinado por el fanatismo religioso de un imán visionario, Mohammned Yusuf, pero ahora es una corriente que entronca con la esencia de los problemas endémicos de esta región africana. Hambre, falta de trabajo, aislamiento del resto del país, miles chicos adolescentes sobreviviendo en la calle, analfabetismo, tejido tribal desconectado del más mínimo engranaje estatal. Los peores augurios indican que a Boko Haram se le puede y se le debe vencer por las armas, no de manera inminente pero sí a medio plazo. Ahora bien, el paisaje después de la batalla es tan arduo que es improbable que el estado federal de Nigeria sea capaz de reconstruirlo y ese nuevo fracaso llevaría irremediablemente a una nueva crisis religiosa, étnica y social en el futuro, la enésima de la reciente historia del estado de Borno.



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